
ARTE – Caminando entre bienales

Por: Esteban Arenas (Enlace al autor)
Nunca lo pensé posible. Un sueño infantil que empezó en lecturas de periódicos de archivo en bibliotecas, sembrando una semilla sobreescribir algún día sobre arte y cultura, se activó de nuevo con las buenas noticias: dos bienales de arte a la vez, en Bogotá y en Medellín. La de la capital del país, liderada por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte; en Antioquia y su capital, Medellín, una bienal planeada por el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, que lleva a la memoria infantil de aquellos periódicos, un legado de cinco ediciones históricas e interrumpidas en su línea de tiempo, las Bienales de Coltejer (1968, 1970, 1972, 1981, 1997).
En 2025, ambas bienales coinciden y se convierten en un hito para el arte colombiano. El uso del espacio público, en especial, las une como una reflexión: el arte está vivo y no solo reside en las galerías y los museos, que por supuesto, son espacios muy importantes para la construcción e identidad del país y si historia artística. Ambas Bienales podrían leerse como historias extendidas en el tiempo y el espacio, una puerta abierta al pasado, el presente y el futuro de narrativas que han formado la historia del arte del país y le dan voz a nuevas generaciones.
Generaciones también de distintas décadas, que han podido visitar y revisitar espacios tal vez olvidados o desconocidos, para el caso de Medellín, a modo de ejemplo: la antigua sede de Coltabaco, los talleres del Ferrocarril de Antioquia o el Palacio de San Francisco en Bogotá; apuestas que buscan la unión de distintos tiempos, con el propósito de fortalecer la relación del día a día entre el arte, los ciudadanos y la memoria de la urbe en todos sus matices y colores.


Más allá de conocer e hacer propias historias ya escritas, que en la cotidianidad, podrían pasar desapercibidas, las Bienales también cumplen una labor fundamental para crear cultura, esta es la unión de artistas y creativos, los de ayer, los más conocidos con los nuevos creadores en formación, lo institucional con lo disruptivo; una mezcla que enriquece el panorama cultural de Bogotá, Medellín y Antioquia.
Para lograr este objetivo, la diversidad de sedes de exposición ha sido clave, múltiples planes, inauguraciones, talleres, recorridos, visitas guiadas, celebraciones que invitan a las personas a recorrer ambas ciudades y a vibrar con estas en sus distintos puntos cardinales, pensando así en expandir el conocimiento del arte, tanto desde el ciudadano local como el visitante. Propuestas performativas, sonoras y experienciales, donde caben todas las edades. BIAM (Antioquia) y BOG25 (Bogotá) se alinean en esta narrativa, el deseo de contar historias de ciudad e invitar a todos a una fiesta cultural. Que el arte deje de ser ajeno, que se pueda explorar y haga “clic” con una población diversa que pide, de manera verbal o silenciosa, conversaciones necesarias sobre la realidad local, nacional y mundial.


En lo que podría denominarse como una “bella coincidencia”, la continuidad es lo más importante, fruto de las gestiones y los diálogos, que este nuevo capítulo no se quede en un archivo o en la memoria de un niño que alguna vez, leyendo periódicos de ayer, conoció la historias de una Bienal de arte, como encontrando una fábula limpiando el polvo de sus páginas. Bienales que podrían leerse como una revolución, no como una visita a distintos pasados, sino como una lectura necesaria del ayer, del hoy y por supuesto, del mañana.
Este artículo pertenece a la edición Nª15 de nuestra revista

