El carriel en Jericó: Una tradición que se resiste al tiempo

Entrevista por: Luisa Fernanda Moscoso

Entre las montañas cafeteras de Antioquia, al suroeste del departamento y a unas horas de Medellín, creció un pueblo de balcones coloridos y calles empinadas. En él adoptaron una tradición que originalmente nació en el municipio de Envigado, pero que hoy se ha convertido en un emblema de su territorio: la fabricación del carriel. En Jericó está ubicado el Centro Artesanal del Cuero, donde Flor María Diez y Juliana Manco buscan mantener viva esta tradición.

Fue en la calle de los poetas, una de las más tradicionales del municipio, que establecieron su negocio, motivadas por dos amigos. La tienda, a la vez taller, es una experiencia visual en la que se puede apreciar como artesanalmente intervienen sus creaciones para ofrecer a sus compradores una pieza única. “Usamos las combinaciones, las tendencias, experimentamos con texturas a través de diferentes tejidos, pero siempre conservando la tradición” afirman sobre su trabajo.

Flor María decidió estudiar una técnica en producción de marroquinería en el Sena y Juliana aprendió de forma empírica con unos amigos en Medellín, ambas motivadas por la demanda que tiene el pueblo de estos productos. La primera de ellas dice que encuentra su inspiración en el deseo que siente por conservar esta tradición y ve en este proyecto una oportunidad para mejorar su calidad de vida y la de su familia, por su parte a Juliana la motiva su deseo de salir adelante como madre cabeza de hogar.

The Shopping Map

Fotografías cortesía

“Creemos firmemente que las tradiciones se deben conservar. Lo hecho a mano genera sentimientos de arraigo en nuestros compradores y también nos motiva a nosotros a seguir fabricando con más compromiso y de manera más profesional todos los productos derivados del carriel, el cual es patrimonio de la nación” comentan sobre la preservación de lo artesanal en un mundo tan industrializado.

Los carrieles de los que están cubiertas todas las paredes de la tienda conservan una mezcla entre lo clásico, recordándonos a nuestros antepasados arrieros que los llevaban cargados de cosas y las nuevas tendencias, con el uso de colores pasteles y estampados. Para ellas ver la reacción del cliente que se va feliz y lleno de satisfacción es sumamente importante, sienten que aportan su granito de arena para mantener viva la cultura de su pueblo. En la marroquinería han encontrado una forma de mejorar las condiciones sociales, culturales y económicas de algunos habitantes del municipio.

Sueñan con viajar por medio de sus creaciones, llevar más allá del departamento e incluso del país una tradición que para ellas encierra tanto valor y que ha sobrevivido al tiempo. Más que fama o reconocimiento ven a través del arte de su trabajo como esos sueños, a veces tan lejanos, se acercan poco a poco. El reconocimiento del turista que los visita o de sus propios vecinos es un motor para continuar “Que vean en cada uno de estos productos el amor con el que lo hacemos, esa alegría con la que nos levantamos cada mañana a seguir trabajando”.

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